viernes, 11 de enero de 2013

Para gustos, los colores.

Hoy me apetece hablar un poco de temas íntimos, de temas que no son muy cotidianos, pero que sinceramente forma parte de todos. Hoy me apetece hablar sobre la sexualidad. Sé que no es un tema que venga a cuento, pero como todo lo escribo, no precisamente requiere de una preparación anterior, sale y ya, lo escribo.

Bueno, allá vamos. Yo no entiendo por qué en la vida siempre tienes que formar parte de algo, esa obligación social o natural, qué sé yo, de posicionarse o elegir una determinada conducta, una determinada posición, es que no lo aguanto. La obligación humana de crearse una identidad, de poseer una identidad. Pero ahora que lo pienso es una identidad tipificada, un estereotipo absurdo, tienes que ser de "x" y de "y". O tienes que elegir siempre en gustos, tienes que obligarte, o dejar que te obliguen a pensar según la tendencia "a" o la tendencia "b". Parece que en este mundo no existe el gris, todo es blanco o negro, o al menos, eso es lo que la comunidad social nos enseña, nos obliga a comprender.

Para colmo, las posibilidades de elección entre una cosa u otra te lleva a un dilema enorme en algunas ocasiones, ya que de forma generalizada, las opciones son maniqueas o están enfrentadas entre sí, son contrarias. Llamadme loco, pero a mí no me gusta que me obliguen a elegir, a decantarme, a crearme una identidad como los demás quieran. En política, existe un concepto denominado identidad política, que hace referencia al conjunto de valores, ideales, pensamientos, opiniones y comportamientos que posee un individuo hacia las instituciones política, el poder político y hacia la comunidad. Pues bien, la ideología es uno de los contenidos de la identidad política. En este mundo siempre tienes que elegir entre "derecha" o "izquierda", ¿verdad? Y parece que no puedes tomar lo que te venga en gana de las dos. Si decides tomar una identidad ideológica "a tu manera" y escoger lo bueno de todo y desechar lo malo, te critican, porque actúas de forma convenida y si eliges, debes elegir lo que quieras, sí, pero con todas las de la ley.

¿Acaso existe algún ser indecente, algún detrimento social o moral que me obligue a mí, persona capacitada y libre a elegir? ¿Desde cuando la persona, hablando en términos sociales, metafísicos, si quieres hasta morales, debe amoldarse a una ideología, a una decisión, a una opción? Yo es no lo veo justo, criticadme si queréis. Y máxime cuando ese elemento en cuestión al que "por obligación y tradición social" debemos amoldarnos, es una teoría o un concepto (nada real ni mundano) y que ha sido creado por nosotros. ¿Debemos, entonces, crear una herramienta para la vida y que ésta nos someta a su yugo? ¿Debemos sufrir la esclavitud a todas aquellas cosas que hemos creado? No, ni mucho menos. Soy libre de elegir lo que quiero y ni la tradición, ni los estereotipos, ni siquiera la autoridad puede decirme que no puedo elegir ese camino (siempre dentro de unos límites, claro). Pues aunque no lo creáis, esto tiene que ver mucho con la sexualidad.

De siempre, apoyado por la naturaleza corporal, las personas han visto como predominante la elección de ser heterosexuales. Pero la homosexualidad tampoco es una elección incorrecta, ni mala. Eres libre de elegir. Como dice la Mamá Monster, "a diferent lover is not a sin". Amar no es pecado, y si amas a una persona que rompe con los esquemas de lo natural, lo típico, lo tradicional, lo institucional o lo su madre vaya a saberlo, tienes derecho, y la autobligando de seguir amando a esa persona. Pues ahí no queda todo, yo voy más allá.

Ahora parece que también la homosexualidad es una opción estereotipada, de las que hablábamos. Si debes elegir tu identidad sexual, debes elegir, por obligación social entre la heterosexualidad o la homosexualidad, o eso parece. ¿Y si no quiero ninguna de las dos? ¿Y si quiero las dos? ¿Qué pasa por elegir libremente? Nada, soy libre de elegir y elijo mi propia identidad, soy yo quien elige y quien vive con su elección, quien asume sus consecuencias y por ello, yo, y nadie más que yo, elijo. Y ya está. Y si me queréis llamarme degenerado por elegir un camino donde no rechazo nada, o llamarme desesperado, haced lo que queráis, porque siempre os podré decir "que soy LIBRE" y feliz con mi elección. Buenas tardes.

(P.D. Hoy me he puesto un pelín agresivo, pero a veces ciertos temas me tocan la moral).

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