Comienza besándome en el cuello, acariciando mi barbilla con tu mano derecha mientras tu zurda roza mi espalda, a la altura de la cintura. Suavemente, como en un sueño de pasión, como en una noche mágica, me dejo llevar. Poco a poco. Inconsciente, mi cuerpo empieza a sudar, a humedecerse. Comienza el ardiente calor, un calor que tú me contaminas con el aliento de tu boca al roce de mi yugular. Yo no sé qué hacer, te presiono contra mí, agarro tus fuertes nalgas rasgando con mis uñas la tela vaquera de tu pantalón, intentando exprimirte contra mi cuerpo, queriendo fundirme contigo en un arrebato de pasión. Terminas por un lado y sigues por el otro, yo subo mis manos recorriendo tu dorsal, oprimo tus hombros, y violentamente me hago con el control de tu cara, nos besamos, fuertemente, arrebatados, locos. Sudando como perros en la noche del infierno.
Entre nuestras lenguas se puede percibir el fuerte sabor del alcohol, ron, whiskie, qué sé yo: estamos borrachos, jugando como críos en un anochecer de verano. Fue cuando te empujé contra el suelo cuando pude ver cómo te mordías los labios, cómo tus dientes sobresalían impulsivos intentando levantar la carne de mi boca. Nuestras miradas eran un show, fieras, ardientes, mágicas, temblorosas, ansiosas de sangre fresca, de vida, de vigor.
-"Hazme sentir joven"—te pido. Y comenzamos a frotarnos desesperadamente, buscando el círculo del fuego, el circuito del agua de la vida, la magia de la noche. Ni siquiera somos conscientes del agua, que golpea fuertemente mi espalda, la cual protege tu pecho desnudo, musculoso, mojado por las gotas que resbalan por mi carne, por mi cabeza. Ahora eres tú quien con tus manos tanteas mi cuerpo, y sin poder resistirte olvidas que existe la ropa y metes la mano bajo mi pantalón. Eso sí que me vuelve fiero y te muerdo el labio, ahora me muerdo el mío y te miro. Nos miramos, ardemos en pasión, queremos más, queremos fuego. Y me lanzo a más, ahora beso yo tu cuello, besos cortos que recorren tu cuerpo mientras te retuerces en el éxtasis. Ahora toca tu pecho, puedo saborear la mezcla del perfume, el sudor y el agua de la lluvia, mezclado con el aroma de la hierba. Más abajo, más. Y al fin me encuentro con otro impedimento. Pero no me importa porque puede que esta sea la noche de nuestras vidas. Aprovechémosla como si fuésemos a morir jóvenes.
.........................CONTINUARÁ................
No hay comentarios:
Publicar un comentario